Esta es una leyenda que, sin que nadie haya querido darse cuenta, se volvió realidad.
Nuestra historia es, como se dice popularmente, “como jarrito de Tlaquepaque”: quebradiza y frágil, por eso pocos la cuestionan a fondo, con bases y de manera inteligente, buscando reescribirla. A causa de eso, nuestros niños siguen aprendiendo anécdotas inverosímiles, muchas veces falsas, sobre sucesos pretéritos convertidos, por obra y gracia de la repetición en libros de texto gratuito, en verdades inamovibles y, sobre todo, irrefutables.