Frases en mazahua
Traductor: Antolín Celote Preciado Na jo’o ra jyas’u̷. Buen amanecer. ¡Pepjiji napunkju̷ nudya! ¡Que trabajen…
Traductor: Antolín Celote Preciado Na jo’o ra jyas’u̷. Buen amanecer. ¡Pepjiji napunkju̷ nudya! ¡Que trabajen…
Mi primer acercamiento con Vicente Leñero fue leyendo El evangelio de Lucas Gavilán, y me…
La historia es una de mis ficciones favoritas, pues siempre hay una nueva manera de contarla, una nueva visión subjetiva que ayuda a entretejer las cientos de miradas sobre un acontecimiento o serie de acontecimientos. Cada vuelta, cada nueva versión, enriquece nuestros conocimientos. Por ejemplo, la Independencia de México, no es un hecho cerrado a una “historia oficial”, ni mucho menos. Al contrario, el trabajo de los historiadores abre constantemente nuevas líneas de investigación para contar tal o cual episodio de una nueva manera, con una nueva voz. El trabajo queda entonces en las manos de los lectores que deben cerrar los círculos. Lo mismo pasa con los personajes. Tal vez existan cientos de descripciones diferentes de don Miguel Hidalgo o el cura de Dolores, como quiera mirársele.
Existe una creencia popular que asegura que Quetzalcóatl fue una persona de tez blanca y cabello y barba en tono rojizo. Según esta versión –que ofrece muchos atractivos fantásticos– este hombre habría sido un europeo, tal vez un vikingo, que llegó a América por casualidad luego de un naufragio. Una vez aquí, se habría dedicado a enseñar a los nativos cosas útiles, como la agricultura y la elaboración de adornos en metales preciosos. Sus conocimientos, aunados a su bondad y al hecho de haber prohibido los sacrificios humanos, lo habrían elevado a la categoría de dios. Por tanto, cuando los españoles llegaron a las costas mexicanas, los nativos estuvieron seguros de que se trataba del antiguo dios que regresaba a reasumir su reino. Esta versión, sin embargo, es completamente falsa.
Construida en los años cincuenta para alojar la compañía de Seguros Latinoamericana S.A., la torre y mirador que vigila los primeros cuadros del Centro Histórico de la Ciudad de México fue un proyecto que estuvo a cargo del arquitecto Manuel de la Colina, quien diseñó originalmente un edificio de 25 pisos. Sin embargo, el arquitecto Augusto Álvarez sería el impulsor de un nuevo esquema de construcción al convencer al director de la compañía de alcanzar una mayor altura, por lo que se tomó la decisión de edificar un rascacielos de 183 metros con 45 pisos.
Imagínate en el siglo XVII, con apenas algunos carruajes, caballos y burros para recorrer caminos áridos y despoblados. Algunos también iban a pie. Ahora imagina lo que era, en esa época, recorrer 2,900 kilómetros desde la Ciudad de México hasta Santa Fe, Nuevo México, en el virreinato que más tarde quedó dividido en dos países. Ese prodigio de expedición, uno de los más largos de la América pre independiente, es hoy un Patrimonio de la Humanidad y recorre, hasta la frontera, el Distrito Federal, el Estado de México, Hidalgo, Querétaro, San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas, Durango y Chihuahua. Aún hoy se requiere de constancia y mucho tiempo para llegar de una punta a otra. Y un ánimo explorador.
Los mexicanos somos expertos en sintetizar la sabiduría popular en refranes y dichos, pues como dicen a buen entendedor pocas palabras. Para toda ocasión tenemos una frase, ya sea en forma de consejo, para evidenciar una “verdad” o ilustrar un momento chusco.
Con la muerte de Vicente Leñero no sólo culmina una obra periodística y literaria vigorosa…
Traductora: Brenda Cantú Bolán Kani tiwalaj, ma titlajtokan totlajtol nochipa. Donde vayamos, hablemos siempre nuestra…