La Manta
Los dedos empiezan a tamborilear. El pie derecho a moverse de arriba abajo, lo secunda su hermano izquierdo. Los hombros se contonean como que no queriendo la cosa. La cabeza baila de lado a lado, siguiendo el seductor ritmo del saxofón que se funde poco a poquito con el dulce sonido de las percusiones, como lo hace el sol en el horizonte. Así reacciona el cuerpo cuando escucha la música de La Manta, que se siente como un baño de mar, como una fiesta de pueblo, como una lluvia de estrellas.