- Se trató de un espacio de diálogo y escucha, donde el arte se planteó como una forma de memoria, vínculo comunitario y resistencia cultural, propiciando el intercambio de experiencias y saberes entre artistas de pueblos originarios de ambas naciones
- A través de un conversatorio y un concierto, se fortalecieron los lazos interculturales y comunitarios desde una perspectiva sensible, espiritual y territorial.
La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, en conjunto con Global PAX Collective, realizó el encuentro “Tejiendo voces: encuentro entre artistas de pueblos originarios de México y Canadá”, en la Casa Refugio de la Memoria, un espacio dedicado a la defensa de los derechos humanos, las migraciones y la libertad de expresión desde la cultura.
Durante el acto protocolario, Luz Elena Aranda Arroyo, directora general de Gestión Institucional y Cooperación Cultural de la Secretaría de Cultura local, destacó la diversidad que conforma a la capital y el papel del arte como un hilo que entreteje historias, territorios y experiencias compartidas.
“La Ciudad de México es una capital rica en diversas expresiones culturales, que nacen de la gente que la habita, de quienes migran y de quienes están en tránsito. La ciudad se construye de todas y todos los que la habitamos”, señaló.
Por su parte, Mariana Gómez Godoy, directora general de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de esta dependencia, reflexionó sobre la importancia de estos espacios para reconocerse, resaltando la profundidad histórica y cultural de la capital.
“Lo más importante de estos encuentros es habitarnos en la diferencia. Nos han vendido una identidad hegemónica, pero hoy intentamos hablar desde otras perspectivas, desde nuestra memoria y tradiciones. (…) Los pueblos y barrios indígenas nos enseñan que somos parte de la naturaleza”, puntualizó.
El programa incluyó el conversatorio “Territorio, cuerpo y memoria”, con la participación de Mo Dawson, de ascendencia Dzawada’enuxw de Ukwanalis y Gitxsan; Lindsay Delaronde, de ascendencia Kanienke’haka de Kahnawake, ambos pueblos originarios del norte y sur de Canadá con una profunda relevancia histórica para la nación.
“Cuando pienso en el diálogo como vínculo con el territorio y la memoria, no puedo dejar de pensar en el poder que existe en el uso de la voz para las personas y comunidades que han sido víctimas de violencia y que ahora pueden contar su historia”, señaló Lindsay Delaronde durante su intervención.
De igual manera participaron Viola Ocelocihuatl, guardiana de la danza de la luna Ollin Tlahui Ocelometztli; Isabela Pérez Martínez, originaria del pueblo de San Mateo Xalapa; e Ivette Castillejos Santiago, artista zapoteca del Istmo oaxaqueño; quienes coincidieron en la importancia de preservar los saberes heredados y fortalecer el orgullo identitario de los pueblos originarios.
“Más allá del dolor que se nos ha enseñado a recordar sobre la conquista, también existe algo muy bonito: el conocimiento. Todas y todos los que habitamos este territorio sentimos la fuerza de nuestros antepasados; esa memoria ancestral que vive en el cuerpo, en la danza, en el tambor y en nuestra relación con la naturaleza”, compartió Viola Ocelocihuatl.
Durante el diálogo, las y los participantes compartieron experiencias de vida, procesos colectivos y saberes prehispánicos, abordando la creación artística como un espacio de cuidado, continuidad cultural y resistencia.
“Cuando nos enraizamos en nuestro territorio y reconocemos que somos parte de la naturaleza, entendemos que no hay una división real entre cuerpo, territorio y memoria. Esa conexión es la que nos permite sentir orgullo de quiénes somos y preservar el conocimiento que heredamos”, expresó Isabela Pérez.
Posteriormente, se presentó el concierto “The Song Blanket” a cargo de Rebecca Hass, artista Métis con ascendencias europeas, quien erizó la piel del público a través de su canto y narración de las piezas. Durante el concierto se sumaron las voces de Sareli Santiago García, del pueblo zapoteco de Oaxaca de Juárez; Sophie Schatten, con ascendencias maya y europeas; y Gia Sabaht, con ascendencia zapoteca y de la Península Arábiga. Asimismo, participaron como invitadas en piano y voz Ana Monier, afrocaribeña originaria de La Habana; y Carolina González Ortiz, originaria de la región Mixe de Oaxaca.
Acompañando a las autoridades estuvo presente Matilde Cervantes Navarrete, gestora cultural, investigadora y artista mexicana, quien fue una de las impulsoras del encuentro y fungió como traductora durante el desarrollo de las actividades.
Este encuentro refrendó la vocación de la Casa Refugio de la Memoria (antes Casa Refugio Citlaltépetl) como un espacio de acogida, memoria y creación, que desde los ejes de derechos humanos, migraciones y libertad de expresión impulsa redes de colaboración con organizaciones nacionales e internacionales. A través de iniciativas como “Tejiendo voces”, se fortalece la cooperación internacional y se visibiliza el papel de la cultura como una herramienta fundamental para el diálogo y la transformación, reafirmando el compromiso de la Ciudad de México con una cultura de paz, memoria y cooperación.
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