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Arte y memoria
Historia de una colección: programa Pago en Especie
Texto: Arq. José Ramón San Cristóbal Larrea
Fotos: Secretaría de Hacienda

El patrimonio artístico de México es una construcción social que afirma nuestra identidad. La riqueza de sus expresiones materiales e inmateriales ha creado un sinfín de símbolos que refuerzan nuestros vínculos culturales, apuntalando simultáneamente un pilar fundamental de la esencia nacional.

Comienzos de la colección
En México, a partir de la segunda década del siglo XX, los gobiernos posrevolucionarios optaron por patrocinar la gran empresa mural sobre el interés de integrar una colección de obra plástica mueble –La pintura de Caballete–“repudiada” por los artistas del momento, con Siqueiros a la cabeza, por considerarla ajena a los intereses de un arte público y social. Al paso de los años, al acrecentarse este vacío patrimonial, el gobierno trató de subsanarlo mediante la fundación, en 1949, del Salón de la Plástica Mexicana, instancia que se convertiría en “el surtidor de arte contemporáneo que, año con año, acrecentaba el acervo del Instituto Nacional de Bellas Artes”, con miras a integrar la colección de pintura contemporánea, del aún no creado, Museo Nacional de Artes Plásticas.
En noviembre de 1957 se asentaron las bases de lo que sería una propuesta innovadora en términos de la Hacienda Pública: la fusión de las políticas fiscales y culturales dieron como resultado la instrumentación de una forma de pago de impuestos en especie, por parte de los artistas radicados en México. Esta iniciativa se debió a la labor de dos importantes promotoras del arte en nuestro país: Inés Amor, directora de la Galería de Arte Mexicano y Carmen Marín de la Barreda, hermana de Guadalupe Marín, primera esposa de Diego Rivera, para entonces directora del Salón de la Plástica Mexicana. Ambas, en coalición con el muralista David Alfaro Siqueiros y el pintor Gerardo Murillo “Dr. Atl”, presentaron ante las autoridades hacendarias, representadas por Don Hugo B. Margáin, director del Impuesto sobre la Renta, la forma de pago de impuestos a través de obras de arte, lo que a futuro perfilaría lo que hoy conocemos como la colección Pago en Especie. Esta iniciativa fue secundada por los artistas Raúl Anguiano, Ignacio Asúnsolo, Angelina Beloff, Adolfo Best Maugard, Fernando Castro Pacheco, Lola Cueto, José Fernández Urbina, Ernesto García Cabral, Ernesto Guasp, Agustín Lazo, Amador Lugo, Ricardo Martínez, Guillermo Meza, Francisco Mora, Gustavo Montoya, Luis Nishizawa, Juan Olaguíbel, Salvador Pruneda, Diego Rivera, Rufino Tamayo y Mariana Yampolsky, quienes en su momento representaban el grueso de las expresiones que preconizan la pluralidad de propuestas y vetas de exploración que definen la riqueza plástica contemporánea.
Desde el momento de su formación, en 1957-58, la colección Pago en Especie configuró, mediante las obras que iba recopilando, un reflejo del acontecer artístico en México, puesto que surgió justo cuando el arte nacional se debatía entre la permanencia de las expresiones de un realismo figurativo, propio de la Escuela Mexicana de Pintura, y la emergencia de un nuevo lenguaje figurativo, más subjetivo y abstracto. Por la vena nacionalista de la colección, hay artistas como Diego Rivera, Adolfo Best Maugard e Ignacio Asúnsolo, seguidos por aquellos provenientes de las nuevas generaciones como Raúl Anguiano, Luis Nishizawa, Francisco Mora y Fernando Castro Pacheco, entre otros.
De cara al realismo social, representado en los inicios de la colección Pago en Especie, afloraron las manifestaciones artísticas de noveles generaciones que proponían un arte sustentado en un formalismo abstracto o semiabstracto de corte más universal y de contenido humano, línea consagrada para entonces por el gran maestro Rufino Tamayo. De esta veta artística se unieron a la colección artistas como Agustín Lazo, Guillermo Meza y Ricardo Martínez, quienes se encontraban inscritos en el preámbulo del episodio del arte mexicano conocido como “la ruptura”, precisamente por su apartamiento de los lenguajes dominantes del nacionalismo de corte social e indígena.
Después de la primera recaudación de obra plástica, realizada por Hugo B. Margáin en 1957 y 1958, no fue sino hasta 1976 que esta modalidad fiscal se instrumentó legalmente, asegurando que, año con año, en cada recaudación correspondiente a las personas físicas, se entregara un conjunto de obras al erario nacional. El decreto que regula el Pago en Especie, fue promulgado por el presidente Luis Echeverría Álvarez y, desde entonces, se ha aplicado de manera ininterrumpida. Actualmente, la colección reúne un total de 5,544 obras plásticas de pintura, escultura y gráfica, creadas por un total de 703 artistas.
Por su origen fiscal, una tercera parte de la colección es custodiada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público que, al asumirla, tiene el compromiso social de gestionarla para otorgarle un uso en beneficio del desarrollo educativo y cultural de la sociedad. Cada año se lleva a cabo un programa de exposiciones, que se presentan no sólo en importantes museos o sedes culturales de los estados de la República Mexicana, sino también en el extranjero.
Desde su origen, el programa Pago en Especie se ha convertido en una opción fiscal que resulta cada vez más atractiva a los artistas plásticos, no sólo porque les facilita cumplir con sus obligaciones fiscales, sino sobre todo, por el proyecto de difusión que sobre la colección, se ha implementado. La gran pluralidad de expresiones artísticas, técnicas, géneros y temáticas que las obras proponen, permite crear discursos museológicos y museográficos que brinden nuevas y originales lecturas e interpretaciones centradas en la reflexión del fenómeno artístico en México.

Mayor calidad en la colección
En lo que toca a la financiación y a los mecanismos de apoyo a la creatividad artística, el programa Pago en Especie ofrece una ventaja, no sólo de carácter fiscal, sino también de enriquecimiento de las colecciones públicas que se diseminan por los museos especializados, siendo esta fórmula mexicana, a juicio de la UNESCO, compatible con las recomendaciones internacionales promulgadas para mejorar la condición social de los artistas y de crear mecanismos fiscales para apoyo
de su creatividad. Un resultado factible de lo anterior es constatar cómo el proyecto de difusión de la colección ha propiciado que los artistas cada vez se esfuercen por entregar obras de mayor calidad estética, ya que convivirán en el seno de un acervo que posee una sede propia para su exhibición: el Museo de Arte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, instalado en lo que fuera un edificio virreinal: el Antiguo Palacio Arzobispal de la Nueva España.
En 2009, durante el XV aniversario del museo, y como parte del programa para fortalecer su infraestructura cultural, el inmueble que lo alberga fue remodelado para adaptarlo a las nuevas exigencias que en materia museológica y museográfica exige el arte contemporáneo, en específico las expresiones no objetuales como el performance, la instalación y el video, así como todas las expresiones artísticas en formatos digitales.
Si bien esta reforma y remodelación se centró en la parte del continente de la colección –el museo– también se reflexionó sobre el sentido en el cual, su contenido –la colección misma– debe ser presentada al público de manera acorde e innovadora, atendiendo las recomendaciones hechas por la “nueva museología”, centrándose en la naturaleza propia de su acervo constitutivo: el arte contemporáneo.

Museografía contemporánea

En fechas recientes, principalmente en el ámbito de los museos de arte contemporáneo, se ha puesto en tela de juicio la estrecha relación que existe entre el museo con la historia del arte, en tanto que esta última se consideraba como el discurso legitimador de los guiones museológicos que se ofrecían al público en sus salas. Como bien se anuncia en un artículo aparecido en el periódico español El País (10 de enero de 2010), la historia del arte ya no es un dogma inmutable, ya que en el presente siglo los museos en todo el mundo se enfrentan al imperativo de redefinir sus periodos, recuperar artistas olvidados, para hablar desde puntos de vista nunca antes tomados en cuenta por la historia oficial.
De esto derivamos que frente a la heterogeneidad de propuestas que se presentan en el arte contemporáneo en México y en el mundo, las categorías conceptuales y tradicionales de temporalidad, estilo, corriente y escuela, carecen de significación, ya que lo contemporáneo tiene de suyo el entramado de movimientos diversos, fragmentados, simultáneos y efímeros, que pertenecen a un momento fugaz y no a un periodo histórico en concreto.
Bajo este marco conceptual, el Museo de Arte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público no presenta un guión sustentado en un discurso histórico, porque su propuesta museológica se
configura en el proceso del hacerse-como-museo-hacerse-como-colección, entendido como el campo en donde los curadores llevan a cabo revisiones estéticas y formales, confrontando obras disímbolas en formatos técnicas y periodos. Todo esto con la premisa de buscar un cambio sustancial en el modo de percibir las obras.
En consecuencia, por su naturaleza las colecciones del museo –que transitan de lo material-histórico a lo no-objetual-fragmentado– se desenvuelven en una dialéctica que no permite formular un guión permanente histórico-lineal para su exhibición en salas. Los términos convencionales acuñados por la historia del arte (escuela, estilo, corriente, época, entre otros), son insuficientes para armar aparatos críticos o paradigmas museológicos que den razón del “devenir” profundamente individualista y singular del arte contemporáneo. Sin embargo, todo debe hallar cabida en el museo, no como receptáculo físico, sino como una construcción sociocultural que no solamente exhibe objetos, sino que produce significados.

Nuevos formatos
Las obras recaudadas son aceptadas por un comité de selección, formado por artistas, curadores y críticos de arte, el cual se encarga de dictaminar las que pasan a formar parte del patrimonio artístico de México. En promedio, Pago en Especie recauda cada año alrededor de 600 obras. Las obras aceptadas como patrimonio cultural son destinadas a fines museológicos, mientras que las de calidad artística no relevante, se destinan a otros usos sociales como su exhibición con fines de difusión cultural, en diversos espacios públicos.
Si bien, desde 1975 el decreto que regula el Pago en Especie ha atravesado por dos reformas, en 1984 y 1994, el énfasis recaudatorio recaía en la aceptación exclusiva de pintura, escultura y gráfica, lo que resultaba controversial hacia el interior de la colección la cual quedaba trunca al no incluir obras de arte conceptual y no objetual como la instalación, el video y los performances. Durante estos años, estas carencias se subsanaban por la donación directa que artistas, al ver la importancia que la colección Pago en Especie cobraba en el medio cultural de México, hacían voluntaria y gratuita, para el enriquecimiento del acervo constitutivo del Museo.
En 2006, nuevamente, se modificó el decreto Pago en Especie para permitir la aceptación de obras de formatos no convencionales, reconociendo con ello, de manera oficial, el valor cultural de las nuevas manifestaciones artísticas de carácter efímero y distintas a la pintura, escultura y gráfica. En forma paralela, este decreto también formalizó jurídicamente la aceptación de donaciones que los artistas directamente entregaran a los museos públicos y oficiales de su elección, sin que estas obras, necesariamente, fueran entregadas en los grandes lotes recaudados anualmente. Con esto, el programa Pago en Especie abre la oportunidad para que cada museo promueva sus donaciones, encauzándolas hacia la obtención de aquellas piezas faltantes en los discursos de sus colecciones.

Arte para todos los mexicanos
El Pago en Especie ha evolucionado para responder a la necesidad de integrar una colección de Estado que se enriquezca de manera sustentable. Asimismo, la versatilidad de su aplicación permite compartir esta riqueza patrimonial de forma equitativa entre los estados y municipios amén de fomentar el crecimiento de las colecciones de los museos públicos del país y, con este crecimiento patrimonial, en forma simultánea difundir las propuestas artísticas de los creadores radicados en México, por lo que este instrumento es una opción en la que todos ganamos.

Arq. José Ramón San Cristóbal Larrea. Es director general de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Recaudación

Actualmente, el proceso de recaudación fiscal por el cual se conforma año con año la colección se basa en la entrega directa al fisco por parte de los artistas. El número de obras entregadas es proporcional al número de obras enajenadas durante el ejercicio que declara, conforme a la siguiente tabla:

Hasta 5 obras vendidas
De 6 a 8 obras vendidas
De 9 a 11 obras vendidas
De 12 a 15 obras
De 16 a 20 obras vendidas
De 21 en adelante
Entrega 1 obra
Entregan 2 obras
Entregan 3 obras
Entregan 4 obras
Entregan 5 obras
Entregan 6 obras

Bienal de Venecia en México

En su 54ª emisión, la Bienal de Venecia 2011, armada bajo el título de ILLUMInazioni (Iluminaciones) se centrará en la experiencia iluminadora, en las epifanías, producto de la comprensión intelectual intercomunicativa y del pensamiento, fomentados por un encuentro con el arte y con su habilidad de afilar las herramientas de la percepción.
En esta emisión, se incluyeron sedes alternas en distintos países del orbe, entre ellos México. En coordinación con la Embajada de Italia en México y el Instituto Italiano de Cultura, el Pabellón de Italia en México abrirá al público en el Museo de Arte de la SHCP, Antiguo Palacio del Arzobispado, el trabajo de dos artistas de origen italiano: Tere Cito y Luciano Spanó, pertenecientes al Programa Pago en Especie y radicados en nuestro país; dos generaciones que dan testimonio de una extensa actividad creativa e intercambio intelectual de estos pueblos: Italia y México. Del 9 de junio al 10 de julio.



 

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